El suelo radiante y los splits no tienen por qué competir. De hecho, en muchas reformas se reparten el trabajo: el suelo se queda con la calefacción diaria y los splits resuelven el frío de verano con rapidez.
La clave está en no pedir a un solo sistema que haga todo. Antes de elegir equipos conviene decidir cómo usas la casa, qué obra vas a hacer y qué estancias necesitan más atención en invierno y en verano.
¿Qué hace mejor cada sistema?
El suelo radiante aporta calor de forma uniforme. La instalación queda bajo el pavimento y trabaja repartiendo la temperatura por toda la estancia. No hay radiadores ocupando pared ni una salida de aire directa sobre el sofá, la cama o la mesa.
Su punto fuerte es la estabilidad. Cuando la vivienda está ocupada a diario y el sistema se programa con sentido, mantiene una sensación de confort muy regular. Su límite es la rapidez: la solera tiene inercia y necesita tiempo para calentarse o enfriarse.
Los splits funcionan de otra manera. Mueven aire y permiten notar el cambio antes. También facilitan el uso por zonas: puedes climatizar el salón durante la tarde y los dormitorios por la noche sin tener que tratar toda la vivienda igual.
En una combinación habitual, el reparto queda así:
- Suelo radiante para la calefacción de invierno.
- Splits para refrigerar y deshumidificar en verano.
- Uso puntual de los splits en una estancia concreta si hace falta una respuesta rápida.
- Regulación por zonas según horarios, orientación y uso real de la vivienda.
Esta fórmula no significa encender los dos sistemas a la vez ni llenar la casa de máquinas. Significa tener una base de calefacción cómoda y un sistema capaz de responder cuando entra calor por las ventanas o cambia el uso de una estancia.
¿Cuándo merece la pena instalar suelo radiante y splits?
La situación más favorable es una reforma en la que ya vas a levantar pavimentos. Para instalar suelo radiante hay que prever aislamiento, tubería, recrecido y acabado final, según la solución elegida. También hay que revisar alturas disponibles, puertas, escalones, muebles de cocina y encuentros con terrazas.
Si esa obra ya está prevista, es buen momento para decidir la calefacción de fondo. Después, añadir los splits puede ser más sencillo, siempre que se planifiquen bien los recorridos de tubería, los desagües y la ubicación de las unidades exteriores.
También encaja en viviendas donde se vive a diario, pero el verano se utiliza de forma distinta al invierno. En Murcia es frecuente que el salón acumule calor durante la tarde, mientras que los dormitorios necesitan frío más tarde. Con aire acondicionado por splits, cada zona puede atenderse cuando realmente se usa.
La combinación puede tener sentido si:
- Vas a hacer obra en suelos, pero no necesariamente en todos los techos.
- Quieres prescindir de radiadores en las estancias principales.
- Necesitas frío rápido en verano.
- Hay habitaciones con orientaciones muy distintas.
- La vivienda tiene zonas de uso ocasional que no deben funcionar igual que el resto.
- Quieres conservar margen para adaptar el uso de la casa con el tiempo.
En cambio, si no vas a tocar el pavimento y la reforma es limitada, el suelo radiante puede dejar de ser la opción razonable. En esos casos se estudian otras alternativas de calefacción, como radiadores, caldera si la instalación lo permite o una solución de bomba de calor adaptada a la vivienda.
¿El suelo puede refrescar la vivienda en verano?
Puede hacerlo si la instalación se diseña para ello, pero no conviene darlo por hecho. El suelo refrescante no funciona como un split: no lanza aire frío ni baja la temperatura de una habitación en poco tiempo.
Además, en verano hay un aspecto que no se puede pasar por alto: la humedad. Si el suelo trabaja a una temperatura demasiado baja respecto al aire interior, puede producirse condensación sobre el pavimento. Es decir, puede aparecer agua donde no debe.
Por eso, cuando se plantea usar el suelo también para refrescar, hay que revisar varios puntos antes de decidir:
- Tipo de pavimento y comportamiento del acabado previsto.
- Aislamiento de paredes, cubierta y huecos.
- Orientación y entrada de sol por ventanas.
- Estanqueidad de la vivienda después de cambiar carpinterías.
- Posibilidad de regular la temperatura por zonas.
- Control de humedad interior.
- Uso de la casa durante el día y la noche.
En muchas viviendas, la decisión más práctica sigue siendo sencilla: suelo para el invierno y splits para el verano. El suelo hace bien su trabajo como calefacción estable, mientras que los splits enfrían rápido y ayudan a reducir la sensación de bochorno.
La renovación de aire también merece su propio análisis. Climatizar no es lo mismo que ventilar. Si vas a mejorar ventanas, aislamientos y cerramientos, puede ser buen momento para valorar la ventilación. No se trata de añadir equipos porque sí, sino de evitar problemas de humedad, aire cargado o condensaciones cuando la vivienda queda más cerrada.
¿Es mejor poner splits o aire por conductos?
Depende de la obra y de la distribución. Los splits son directos, permiten actuar por estancias y suelen encajar bien cuando no se van a hacer falsos techos nuevos. A cambio, las unidades interiores quedan vistas y hay que encontrar una posición que no moleste por aire, ruido o estética.
El aire acondicionado por conductos puede ser una alternativa si la vivienda admite falso techo y hay espacio para pasar conductos, colocar rejillas y dejar registros para mantenimiento. Suele resultar discreto, pero exige planificación desde el principio de la reforma.
Antes de elegir entre conductos y splits, conviene comprobar:
- Qué techos se van a intervenir.
- Si hay altura suficiente sin perjudicar puertas o pasos.
- Dónde puede ir la máquina interior.
- Cómo se harán los desagües.
- Qué zonas de la casa necesitan funcionar a la vez.
- Si se busca control independiente en dormitorios, salón o despacho.
- Dónde quedará la unidad exterior y cómo se accederá a ella después.
No hay una solución válida para todas las casas. En una reforma de pavimentos sin tocar techos, los splits suelen ser más lógicos. En una reforma integral, con distribución nueva y falsos techos previstos, los conductos pueden encajar mejor.
¿Qué se revisa durante la visita?
La visita no empieza eligiendo una máquina. Empieza viendo la vivienda y la obra. Hay decisiones que, una vez cerrado el suelo o terminado el techo, son mucho más difíciles de corregir.
En el suelo radiante se revisa qué estancias merece la pena incluir, qué altura hay disponible y qué pavimento se quiere colocar. Un baño, un salón, una ampliación o un dormitorio de poco uso no siempre se resuelven igual.
También se estudia el generador de calor. El suelo radiante suele combinarse con aerotermia porque trabaja con agua a temperaturas moderadas, pero no se elige una bomba de calor por costumbre. Hay que ver si habrá agua caliente sanitaria, qué instalación existe ahora, qué parte de la vivienda se reforma y qué uso se espera del conjunto.
Para los splits, se revisan las ubicaciones de las unidades interiores. No interesa colocar una salida de aire apuntando directamente a la cama, al sofá o a una mesa de trabajo. También importan los recorridos hasta el exterior, los desagües, los pasos por fachada y la accesibilidad para limpiar filtros, revisar conexiones o intervenir si surge una avería.
La regulación es otro punto importante. Una vivienda habitada todo el día no se programa igual que una casa que queda vacía hasta última hora de la tarde. El sistema debe acompañar el ritmo de la familia, no obligar a la familia a estar pendiente de él.
Las instalaciones térmicas deben proyectarse, ejecutarse y mantenerse conforme al marco aplicable en cada caso. Si la obra requiere documentación o tramitación concreta, se define según el alcance real de la reforma. La información oficial puede consultarse en el BOE y, para programas públicos o información energética, en el IDAE.
¿Qué conviene no hacer antes de la obra?
Hay errores que se repiten y casi siempre aparecen por decidir demasiado tarde. El primero es cerrar suelos sin haber pensado por dónde irán las tuberías, qué alturas finales habrá y qué puertas deberán ajustarse.
El segundo es dejar la climatización de verano para el final. Cuando se hace así, es más fácil acabar con canaletas visibles, desagües improvisados o unidades interiores colocadas donde caben, no donde mejor funcionan.
Tampoco conviene dimensionar por intuición. Decidir el número de unidades solo por metros cuadrados, sin mirar orientación, sombras, acristalamientos y aislamiento, lleva a instalaciones descompensadas. Una estancia con sol de tarde puede necesitar un planteamiento distinto al de otra habitación del mismo tamaño.
Por último, no conviene olvidar el mantenimiento. Tanto el suelo radiante como los equipos de aire necesitan revisiones y limpieza según su uso y configuración. Dejar accesos previstos desde el principio facilita la reparación y mantenimiento cuando haga falta.
Si estás valorando una reforma o una instalación nueva en Murcia capital, pedanías o localidades cercanas, puedes pedir presupuesto. Indica qué obra tienes prevista, qué sistemas quieres conservar y cómo usas la vivienda. Con esa información, la visita sirve para decidir antes de cerrar pavimentos, techos y acabados.



